El amor es una decisión de dos, una decisión en la cual la pareja toma el riesgo de lanzarse al vacío pero juntos, con pleno conocimiento que si sus actos no llegasen a ser los correctos, alguno permanecerá en lo más profundo del agujero, perdiendo la posibilidad de ser feliz.
¿Y qué hay del otro? El otro quedará vacío y será fuertemente lastimado, tanto, que existe la posibilidad que ya no quiera creer en el amor ni experimentar lo que este ofrece. Por el contrario, querrá lastimar de la misma manera en la que fue herido. Y es que herir, nunca debería ser la opción.
La última opción cuando sientes amor es desaprovecharlo y no ser lo suficientemente valiente para sentirlo. Quizá más adelante quién no lo hizo, se arrepienta de haber dejado pasar tal oportunidad.
Una relación merece de la seguridad completa de los implicados, de examinar y saber qué tan grande es lo que se siente por el otro. Si es lo suficientemente grande, de seguro valdrá la pena atreverse a que el cuerpo se deje llevar y llegue a amar. Un proceso que se alimenta de las vivencias, las dificultades, el respeto y la incondicionalidad.
Si en cambio, el sentimiento no llegara a ser tan grande, esa persona deberá dejar ir para que juntos puedan encontrar a alguien más y recibir todo aquello que merecen sentir junto a la persona correcta.
Pero si quieres de verdad, ¿por qué no arriesgarse? Lanzarse al abismo con la seguridad de amar y ser amado es bastante osado para muchos. Ser fiel y leal es muy aburrido para otros.
Encontrar y elegir a la persona que estará a tu lado, siempre debe dar como resultado una pareja de la cual sentirse afortunado todos los días, a la cuál demostrarle a solas y frente a todos, el honor mutuo que consideran es caminar juntos tomados de la mano.
Y ama, nunca tengas miedo de amar con locura, porque lo hagas o no, la vida te enseñará que a veces también se trata de saber perder y aprender.