En ocasiones veo tu cara de cansancio, tu cara que muestra lo mucho que has estado atareada buscando aquello que parece imposible de encontrar. Otros días, veo tus gestos de mujer independiente, madura y libre; y sé que así muchos quieran adentrarse en tu mundo que parece lleno de rosas, lleno de alelíes, colmado de sonrisas y de una imagen de fémina perfecta, sólo el que entra a un noble corazón como el tuyo, conoce de tus lágrimas de ausencias pero también de esperanzas.
Puede que al levantar tu mirada hacia las montañas cada mañana, no encuentres aún el caballo ni el príncipe, ni tanta palabrería de los cuentos de hadas.
Que en vez de arcoiris veas lluvias, que en la noche cuando la luna es protagonista del cielo solo encuentres frío, que aún no lleguen a rescatarte de tu castillo, del que muchas veces te sientes presa, con espadas y escudos.
Hay un llanto que vale oro, hay suspiros que pueden comprar universos, hay tristezas que tienen la fuerza de construir nuevos caminos, y junto a eso, también hay unas pocas princesas que no le temen al dolor…
No son princesas que tienen reinos, mucho menos las que son atendidas por la servidumbre, tampoco las deleitadas en vajillas y cristales, no de esas princesas que ya tienen la sonrisa comprada… son pocas de esas princesas reales. Las mismas que luchan incansablemente, de las que viven, de las que pierden, pero también de las que se secan las lágrimas y se levantan: así como tú.