No es un tema de cobardes

Quizá él había sido más sincero conmigo de lo que yo misma quise ver desde el principio: No debes confiar en absolutamente nadie, ni siquiera en tu sombra porque justo cuando la noche aparece, pasadas las horas, esta ya no está a tu lado.

Tal vez para él no fue suficiente ver que yo no querría aprender la lección que con tanto esfuerzo siempre me rezaba en oraciones repetidas; tuvo que romper mi corazón, agotarme las ganas, hacer que mis sentimientos se consumieran poco a poco para ver que así, por fin yo habría entendido. A pesar de esto, siempre he sabido que el amor no es un tema de cobardes porque el estar dispuesto a enamorarse no es nada fácil; significa darle el poder a quien se encuentra junto a ti para hacer aquello que le plazca (para mi infortunio eso siempre había significado un final no tan feliz).

Pese a sus advertencias no podía siquiera justificar su indolencia ante una mujer que lo había entregado todo por amor, por ese amor que quizá jamás había sentido antes, de ese que lleva a la locura, a la pérdida de conciencia, de noción del tiempo, de espacio, de todo… hasta erróneamente, de sí mismo.

Sus ojos profesando lealtad parecían una broma de humor negro que se propaga como veneno para herir y engañar.

Simplemente sus sentimientos habían sido vendidos al mejor postor, afirmación que lo hacía sentir orgulloso de si mismo pero que realmente lo dejaba vacío por dentro, con ese miedo a la soledad a causa de conocer perfectamente cada paso para lastimar a quien lo ama.

Lejos

Llega un punto en la vida de cada uno de nosotros en el que nada basta para que una sonrisa pueda iluminar tu rostro, para que el frío no penetre hasta tus huesos, para que las decisiones que tomas en tu vida no te desilusionen más de ti mismo. Llega un momento donde también es necesario respirar lejos de esa contaminación que se te adhiere a los pulmones, que te hace lagrimear los ojos; eso mismo que ocasiona que tu mirada se pierda en la lejanía del horizonte. 

Tantas caídas te han vuelto fuerte, tantas injusticias te han vuelto duro, tantos tropiezos hacen que se lastimen tus rodillas pero que ya no duela como antes. Ya nada sorprende, todo es cotidiano… Hasta el mismo hecho de herir a los demás. 

Las palabras dejan de ser arte para convertirse en dagas filosas, las miradas dejan de ser el espejo del alma para comenzar a ser las puertas que se cierran por miedo, ya el corazón no puede más de tantas astillas que ha dejado el paso del tiempo. 

¿Y qué hay?

Hay ciertas palabras que se van con el viento, 

hay muchos amores construidos de simples frases que parecen naipes derrumbándose por la inclemente lluvia que llega cada día. 

Hay sentimientos que se refugian solo en la punta de la lengua, 

jamás en un corazón sincero. 

Hay amores que no se dan, 

sensaciones que no se expresan, 

mariposas que no se reproducen.

Hay corazones lastimados, 

hay personas que hieren,

hay seres que cambian o se transforman

hay «te quieros» que duelen

hay «te amos» que aniquilan.

Escapar de ti

Me sorprende como ha pasado el tiempo y yo sigo igual o tal vez un poco peor desde que me di cuenta lo que siento por ti: ya no lo puedo controlar. Y es saber que he enloquecido por ti, que doy muchas cosas por esto que no tiene nombre, que me arriesgo a ir en contra de la corriente, que ya no soy solo yo, ahora tengo una parte de ti. Besarte, quererte, acariciarte se han vuelto los objetivos principales pero al mismo tiempo he descubierto que para los demás sería uno de mis mayores errores.

Jamás en la vida me había sentido, o mejor, me habían hecho sentir tan equivocada al estar enamorada de alguien y a veces pienso que fui muy torpe porque quizá pude detenerlo pero ya no hay vuelta de hoja.

No podría explicar con exactitud lo que siento, es como quererte pero en ocasiones preferir no hacerlo, es estar tranquila pero viviendo en el limbo, es como ser feliz pero únicamente cuando estoy contigo.

Mis energías están desgastadas: seguir fingiendo que todo está bien, que no siento nada por ti, tratar de mantenerte alejado pero no tener el poder siquiera de ocultártelo y al mismo tiempo, querer escapar a tu lado.

Confesión

En ocasiones te pones a analizar hace cuanto tiempo no habías sentido la necesidad de hacer algo especial, algo que no experimentabas desde hace mucho tiempo, algo que sin duda alguna te desahoga, te hace libre, te calma por momentos.

Eso significaba para mi escribir y es escribir justo en ese momento de soledad, en ese instante en el que hasta las paredes serían un buen lienzo. Es sentir que cada una de las letras producidas de cualquier tinta, en cualquier hoja te va a permitir sentir menos o más (según sea el caso) de eso que no cabe en tu pecho y te hace palpitar el corazón a toda marcha.

Aquel día ese sentimiento era miedo. Ese miedo que no sentía hace mucho tiempo, ese miedo del que ya había olvidado como se percibe, ese miedo que no pensé iba a volver a sentir tan rápido.

Esas ganas inmensas de llorar se apoderaban de mi, pero el saber que no era apropiado hacía de este momento cada vez más angustiante. Hace ya algunos años lo veía, con esos ojos del que sabe que jamás podría existir siquiera una oportunidad, los mismos que le ponen un altar a esa mirada, a ese cuerpo, a esa sensualidad de la que el otro desconoce que posee.

Así fueron muchos años, días de verlo pasar sin siquiera ser capaz de pronunciar una sola palabra. Esa sensación inagotable del gusto por alguien, una atracción desenfrenada pero en silencio.

Y fue justo allí, en el momento de mayor debilidad, en el lugar menos esperado para un corazón que recién cicatrizaba. Por azares del destino apareció ese ángel, ese ángel que parece más demonio que un ser celestial. Ese hombre con el que había fantaseado durante tanto. El mismo que provocaba pecar, hacer todo lo equivocado y lo prohibido, de perder los estribos, de eliminar los límites, incluso de entregar por completo el corazón.

Casi como un sueño que parecía convertirse en realidad pero con ciertas condiciones que de momento y por algunas semanas, llamaron mi atención. Tenerlo en frente, así como siempre lo había imaginado y aún mejor: despojarse de un compromiso que implicara ataduras, temores y descubriendo al fin partes de mi que desconocía hasta ese instante: un pecado terrenal.

Sentir su olor tan de cerca, ver fijamente sus enormes ojos, tocar su piel, percibir su respiración. Esa insaciable y fatal seducción que poco a poco iba necesitando con mayor intensidad. El reto de no sentir nada parecía sencillo y en el acontecer de este loco pero divertido juego, las reglas se me fueron olvidando.

Los besos, las caricias, cada instante y palabra se convertía en algo inesperado. De momento las sonrisas se apoderaban de mi rostro frente al celular o al ordenador. Su sentido del humor, su particular forma de hacerme reír, su manía de sorprenderme y en ocasiones de asustarme para que sintiera que era él quién debía protegerme. Los planes sin acordar, las llamadas, los mensajes, la felicidad que llegaran ciertos días para verlo aparecer en el fondo de la oscuridad y del que era nuestro secreto.

Mentiras dichas para poder verlo en horas que quizá no eran apropiadas, el riesgo, la adrenalina de sentirme entre sus brazos sin que nadie conociera de detalles.

Mi tranquilidad se había convertido en hablar con él al finalizar cada día y mi corazón no pudo estar más expuesto en ese momento en el que el cariño o amor, solían ser una enfermedad y no una cura.

Los insomnios en las madrugadas y el insoportable sueño en las tardes ya empezaban a dar razón de lo que aún no me quería dar cuenta. Mis ganas de verlo parecían incrementar y su ausencia comenzaba a incomodarme.

Y así cuando ya se cumplían un par de meses de sentirlo parte de mi, el anhelo de amarlo cada uno de los días de mi vida, no tuvo reversa. Las palabras o títulos comenzaban a hacer falta, las caricias fueron el lenguaje vivo de este tórrido «romance» pero el verdadero dilema era haber perdido la noción de lo que se suponía era una simple aventura.

Los celos, las ansias pronto volvieron a mi. De nuevo demonios internos que me hacen una mujer con ciertos tintes posesivos y de locura cuando del amor se trata…

ESTABA PERDIDAMENTE ENAMORADA DE ÉL.

Mi refugio

Sus ojos eran el refugio de su alma. El alma de una mujer que permanecía constantemente en montañas rusas emocionales, en dudas, en sin sabores. Ese nuevo refugio era plácido, tranquilo- dirían muchos (y hasta él mismo) que parecido al de cualquier otra persona- pero la diferencia que solo ella podía conocer era que esos ojos, ese reflejo de su dulce corazón la habían enamorado. Y quizá al explicarlo ella podía equivocarse, tal vez no eran específicamente sus ojos; era su mirada. Ese inexplicable sentimiento que le producía tenerlo de cerca y aún peor, mirarlo fijamente: esa sensación como del que recibe una bendición del destino. Y así fue como tiempo después esa mujer se dio cuenta que había dejado de ser completamente ella, para ahora también ser parte de él.

Secreto

Déjame seducirte en silencio

Permíteme matarte las ganas lentamente y hacerlo a mi manera.

Que no hayan testigos, que tu alma pueda reposar en la mía.

Conviértete en mi adicción cuando nadie más nos pueda ver

y que sea esto, en las mañanas nuestro mayor secreto.

Mírame de esa manera que me mata,

contémplame hasta que sienta tus ojos tocando mi piel,

que mis movimientos te sugieran deseo,

que tus manos me llenen de infinito deleite

hasta experimentar el extasis del que tanto hablan los hombres del mundo.

Deja que mis dedos se entrelacen en tu cabello

mientras somos uno solo fundidos por la lujuria,

llévame a las profundidades donde los malos pensamientos cobran vida,

átame como si fuera tuya para siempre.

Invítame a vivir lo desconocido contigo,

satisface mis ansias del placer prohibido,

búscame en la inmensidad de la noche sombría

y que seas tu. todos esos sabores que quiera probar,

todos esos lugares a los que quiera ir.

Amarte es quizá una de las cosas más osadas que alguna vez me atreví a hacer. Tú, muy lejos de ser el príncipe azul que describían los cuentos de hadas, que mi mamá me leía cuando era pequeña, llegaste a mi vida a hacerme entender que no necesito ser salvada por alguien más, porque soy lo suficientemente fuerte para hacerlo por mi misma. Y es que jamás llegué a imaginar que un amor como tú me llegara así, de la nada, cuando quizá ya no daba un peso por los sentimientos, cuando sentí que ya había sido suficientemente herida para no enamorarme jamás.

Y es que cuando los demás me preguntan por ti, por nosotros, no se cómo definirlo con exactitud. Eres justamente todo lo que no imaginaba.

Un amor maduro, un amor libre, un amor totalmente diferente al resto. Un amor que no pide, un amor que no exige, un amor que no ata, un amor tan genuino que no necesita aparentar.

Me has enseñado a abrir mis alas, a aceptar que puedo caer, a entender que la perfección no es ni será propia del ser humano, a esperar, a calcular cada uno de los pasos que doy, a ser tan real como pueda serlo.

Y el otoño, cuando las hojas caen de nuevo, verte me recuerda el día que te conocí. Me recuerda también las miles de veces que has regresado a este mismo lugar de maneras increíbles, formas que solo el destino hubiese podido planear.

Luego el invierno me transporta a esos instantes que no estás aquí, a esos días en los que siento que los huesos se congelan ante tu ausencia, a esos meses en los que el deseo de tenerte a mi lado, no como una necesidad sino como una decisión.

Solo despiértame cuando estés aquí, cuando el tiempo haya pasado, cuando pueda abrazarte tan fuerte como para sentir que no te vas a volver a ir, para sentir que te vas a quedar aquí conmigo para siempre como nuestras cabezas locas de amor siempre lo han imaginado.

Enigma

Su ausencia y el misterio que habitaba en él, era justamente lo que ocasionaba que no dejara de pensarlo. Podía estar horas y horas imaginándolo, cuestionándome qué estaría haciendo en este justo instante, en cuál sería el momento en que nos encontraríamos para que mi ansiedad pudiese aliviarse.

Un plan casi perfecto por lo que me sugería su mirada, sus manos, la forma en la que me besaba.

Y sigue ahí, en mi mente, esa ocasión en que sin poder resistir mucho, sus labios se juntaron con los míos, cómo nuestra respiración se hacía más y más intensa con el calor del momento, cómo sus manos agarraban fuerte mi cabello sugiriéndome la desenfrenaba pasión que invadía su cuerpo.

Ese hombre estaba haciendo que lentamente me enloqueciera, poniendo en mi mente miles de escenarios que tal vez y sin reconocerlo ante nadie más, moría porque sucedieran. Pasaba las noches mirando por la ventana, creando la ilusión que él estaba ahí conmigo, que podía sentir de cerca su respiración pero por arte de magia, la fantasía se disipaba y prefería dormir para sentirlo quizá, aún más de cerca en mis sueños.

Mujer

Mujer que has sido herida, que has sido lastimada. Mujer, tú que hoy tienes el corazón roto.

Solo el tiempo se puede encargar de tu dolor.

Amiga, debes aprender a amarte tanto como para que la razón le gane al corazón y entiendas que a diferencia de todo lo que nos fue enseñado, el amor no es un sentimiento.

Sé que ahora no puedes entender muy bien pero el amor es una decisión. Tú tomas el amor o lo dejas. Hoy, él decidió dejarlo y es por ello que tu deberás hacer lo mismo.

Deberás aprender para así enseñarles a tus hijos, el día que los tengas, que uno no deja de amar de un día para otro pero cuando la otra persona decide dar un paso al costado, lo único que puedes hacer es levantarte, sacudirte, reconstruir tus partes para así comenzar de nuevo.

Amiga mía, debemos escoger a alguien que nos haga bien, que nos haga sentir tranquilas, que nos haga sentir verdaderamente felices. Mereces a alguien que te haga sentir segura de ti misma, segura de lo que eres y de tu historia. Un amor que te enseñe también a ser feliz sin él… solo por si acaso. Nada es perfecto y el buen hombre te lo hará saber respetándote, amándote, valorando tus sentimientos.

Todo lo que aceptas en tu vida es directamente proporcional a lo que crees merecer:

  • ¿Qué aporta él en tu vida?
  • ¿Qué hace él que te ocasiona felicidad?
  • ¿Deja de hacer lo que sabe que te duele?
  • ¿Cuánto estás dispuesta a perder por un amor a medias?

Y cuando te ves al espejo, ¿qué ves?

¿Por qué querer a alguien que no respeta a lo más preciado que tienes? A ti misma.

Mujer genuina, amiga mía: sé libre, sé feliz, ámate a ti misma antes de amar a alguien más.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar