Ese incómodo día de lluvia, las gotas caen tan cerca de ti que puedes oír como golpean contra el suelo, ese mismo día que buscas desempolvar los libros que con los años olvidaste.
Estás allí, en la habitación, tú tan fría como siempre pero con leves intenciones de volver a sonreír. Tal vez de la misma forma como cuando escuchabas esos cuentos que nunca más te volvieron a leer.
Ahora no buscas historias de hadas, solo pretendes encontrar esa hoja del libro que perdiste. La hoja que necesitas para acomodar tu propia historia con todo lo que el tiempo te trajo de más.