Aquel día bastó con un soplo del viento, una mirada curiosa, un beso inocente. Fue suficiente con sentir que respiraba su mismo aire y experimentar el calor de su cuerpo que estaba tan cerca del mío, como jamás otro lo había estado. Sus ojos penetrantes me pedían un poco más, mi boca quizá también así lo exigía y la adrenalina recorrió mi cuerpo en segundos con tal solo imaginar lo que pasaría si yo accedía a lo que yo pensaba, era su capricho de turno. Tal vez no estaba del todo convencida que ese joven con deseos de hombre, querría conquistar cada rincón de mi alma por completo. Aún así, con una pasión desenfrenada que jamás había experimentado dentro de mi, decidí lanzarme a ese abismo al que solo se arrojan las más valientes. No podía negarlo: me moría por besarlo. Sus intenciones se dejaban ver con un sutil contacto entre sus entre sus labios y sus sonrojadas mejillas. Lentamente se fue acercando a las comisuras de mi boca y supe en ese preciso instante que allí mismo hubiese podido morir; tal paraíso jamás se compararía con el más bello amanecer, con el más puro rocío o con las profundidades de un inmenso mar. Estaba allí, lista para ser víctima de su juego, del antojo de su dulce gusto, de sus desconocidas pretensiones. Debo confesar que luego de sentir rápidas palpitaciones que me llevaron al éxtasis, ya nada me importaba; solo quería ser tan suya que sintiera como mis manos tocaban su corazón, que recordara tal amor cada vez que el viento tocara sus mejillas.
Después de la lluvia
Publicado por dalejalopezp
Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados. View more posts