Él y nuestros demonios

Aquel día no pude ocultar lo que mis ojos querían ver. Había algo dentro de mi que obligaba a dirigir mi mirada al lugar donde él se encontraba. Si bien, ese hombre hacía parte de una multitud hasta ahora desconocida para mi, había algo genuino que creí jamás haber visto antes. En ese preciso instante, como si se hubiese tratado de telepatía, nuestros ojos se encontraron; para mi suerte, él era mucho más valiente que yo y empezó a caminar con dirección a mí.

Pronto empecé a sentir sus manos que rodeaban mi cintura. Su sonrisa: eso fue lo primero que pude notar. Sus ojos que se hacían pequeños cada vez que me miraba: de esas irresistibles miradas que sonríen, y una energía absolutamente fascinante que hacía parecer que el tiempo no pasaba durante esa noche que pude conocerlo un poco más.

Mi ingenuidad, en ese momento, ignoraba cómo su alma atraparía la mía en un segundo, cómo haría para envolverme hasta el punto de sentirlo como una adicción. Y es que sin darme cuenta, empezó a manejarme a su antojo ante la mirada atónita de muchos otros que veían mi torpeza, mi sumisión, la debilidad que me inyectaba en cada encuentro repentino a media noche.

Y es que podría pasar noches enteras tratando de descifrar cuál era ese lazo invisible que me ataba a él. Y pasé esas noches, incluso esas y muchas más madrugadas escribiendo para ese hombre, textos que nunca serían entregados pero que con suerte y en medio de tantas letras, me ayudaron a entender que era él, el hombre que me había enseñado a cómo sentirme más viva. Él, sin quizá saberlo, había encontrado la llave de ese lugar donde mi alter ego habitaba, ese «alguien» que nadie más conocía, esa fascinación que le encontraba al peligro, a lo prohibido, a la pasión desenfrenada, al éxtasis emocional. Él había desaparecido por completo mis miedos y había dado rienda suelta a mis más bajas pasiones. Su cuerpo había sido el instrumento perfecto para llevarme rumbo al abismo al que siempre queríamos saltar juntos y mi cuerpo fue para él, la balsa que usaba para recorrer esas aguas profundas que conocía a la perfección.

Desde ese mismo momento, mi vida nunca volvió a ser igual. Juntos descubrimos que estábamos hechos de lo mismo y que ni la distancia ni el tiempo, harían que eso cambiara.

Publicado por dalejalopezp

Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar