No es un tema de cobardes

Quizá él había sido más sincero conmigo de lo que yo misma quise ver desde el principio: No debes confiar en absolutamente nadie, ni siquiera en tu sombra porque justo cuando la noche aparece, pasadas las horas, esta ya no está a tu lado.

Tal vez para él no fue suficiente ver que yo no querría aprender la lección que con tanto esfuerzo siempre me rezaba en oraciones repetidas; tuvo que romper mi corazón, agotarme las ganas, hacer que mis sentimientos se consumieran poco a poco para ver que así, por fin yo habría entendido. A pesar de esto, siempre he sabido que el amor no es un tema de cobardes porque el estar dispuesto a enamorarse no es nada fácil; significa darle el poder a quien se encuentra junto a ti para hacer aquello que le plazca (para mi infortunio eso siempre había significado un final no tan feliz).

Pese a sus advertencias no podía siquiera justificar su indolencia ante una mujer que lo había entregado todo por amor, por ese amor que quizá jamás había sentido antes, de ese que lleva a la locura, a la pérdida de conciencia, de noción del tiempo, de espacio, de todo… hasta erróneamente, de sí mismo.

Sus ojos profesando lealtad parecían una broma de humor negro que se propaga como veneno para herir y engañar.

Simplemente sus sentimientos habían sido vendidos al mejor postor, afirmación que lo hacía sentir orgulloso de si mismo pero que realmente lo dejaba vacío por dentro, con ese miedo a la soledad a causa de conocer perfectamente cada paso para lastimar a quien lo ama.

Publicado por dalejalopezp

Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados.

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