Sus ojos eran el refugio de su alma. El alma de una mujer que permanecía constantemente en montañas rusas emocionales, en dudas, en sin sabores. Ese nuevo refugio era plácido, tranquilo- dirían muchos (y hasta él mismo) que parecido al de cualquier otra persona- pero la diferencia que solo ella podía conocer era que esos ojos, ese reflejo de su dulce corazón la habían enamorado. Y quizá al explicarlo ella podía equivocarse, tal vez no eran específicamente sus ojos; era su mirada. Ese inexplicable sentimiento que le producía tenerlo de cerca y aún peor, mirarlo fijamente: esa sensación como del que recibe una bendición del destino. Y así fue como tiempo después esa mujer se dio cuenta que había dejado de ser completamente ella, para ahora también ser parte de él.
Mi refugio
Publicado por dalejalopezp
Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados. View more posts