A contraluz

Mentiría si digo que nunca lo encontré en mis sueños, incluso mentiría si no acepto que mientras divagaba en mis pensamientos, él aparecía como una ilusión de esas que uno nunca quisiera que se esfumara, mi imaginación trataba de encajar cada pieza faltante de su cara, de sus ojos, de sus manos; sus manos que un día detallé y que nunca pude sacar de mi cabeza, de su espalda; su espalda que evocaba la masculinidad que transmitía solo con tenerlo cerca. 

Pero sobretodo era imposible resistirse ante lo indescifrable que resultaba a mis ojos, ese misterio que habitaba en él, ese silencio que podía decir todo y nada al mismo tiempo, ese enigma que despertaba mi curiosidad y me transportaba a todo lo que moría por conocer.

Su mirada lograba intimidar a cualquiera, quizá él ni lo sospechaba pero así era, así era conmigo por lo menos. Podía sumergirme una y otra vez en ese universo paralelo en el que fácilmente me abatía tan solo con la energía que emanaba, y esa era su mayor habilidad: desatar fantasías en mi, en medio de palabras, de letras, de poesía, de arte, entre lo correcto y lo incorrecto, siempre con su silueta a contraluz.

Cuando mis ojos se clavaban en él, el tiempo corría más despacio, mi mirada jugaba a ser una cámara lenta que enfocaba perfectamente el detalle. Fácilmente lograba retratar el contraste perfecto entre su luz y su oscuridad, en medio del silencio incrédulo de mi mente que se resistía a una caída libre, esas caídas que, una vez más, solo habitan en la imaginación y que opté por resolver de la única manera en la que lo podría hacer: parpadeando. 

Publicado por dalejalopezp

Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar