Para serte honesta, creo que le llevo huyendo a este sentimiento por mucho tiempo, un sentimiento que tal vez me hace más frágil, más vulnerable, menos de lo que planeo ser hoy.
Y es que es tan difícil mirar hacia atrás como lo he venido haciendo estos días, es tan complejo cerrar los ojos y ver tu cara frente a mi de nuevo ese 18 de Marzo, estirando tu mano, diciendo tu nombre, sonriendo, cambiando para siempre mi vida. Recuerdo que te repetí hasta el cansancio que nunca imaginé el giro que todo estaba a punto de dar.
Y quedó ahí, en mi memoria, todo quedó en fotos, en videos, en recuerdos, en sonrisas pero también en muchas lágrimas, lágrimas que siempre se pudieron evitar, caminos que se pudieron no cruzar, estaciones que pude no vivir contigo, muros que se pudieron construir en concreto en vez de cristal, rutas que caminé descalza por ti y que tal vez no tenían que llevarme hasta Roma.
Algún día, me juré no arrepentirme de un solo segundo a tu lado, mi corazón siempre decía que no querría cambiar nada de nuestra historia, mi boca también lo profesó, y sabes? Aún, ante esta infinita ausencia premeditada no lo haría porque me enseñaste acerca de mi poder, de mi inmensa capacidad de amar apesar de las circunstancias, me enseñaste a quedarme con lo bueno aunque en su momento parecía no haberlo, reforzando nuestras teorías para no evitar lo inevitable.
Hoy, al frente de esta pantalla, mis lágrimas no me dejan ver con tanta claridad, el estómago se me revuelve, al corazón se le desatan todos los nudos con los que lo sujeté desde que te fuiste.
Y no, después de eso, EL AMOR AÚN NO SE ACABA.