Muros de cristal

Para ser honesta, alguna vez creí que todos llegamos a un punto de la vida donde lo nuevo deja de suceder, donde las sensaciones son las mismas, donde lo cotidiano es el mar en el que nos podríamos ahogar a diario, hasta que llega alguien que de verdad te roba el aliento.


Estaba segura que algo en su mirada tenía un imán que no solo impedía que dejara de verlo, sino también me hacía conectar de manera tan genuina con su alma que me fue imposible dejarlo pasar. Un ser con una que otra cicatriz más visible que las demás, mismas que ante mis ojos y desde el primer momento en que lo vi, decoraban un corazón que daba a manos llenas pero que aún desconocía lo que merecía recibir.

En ese punto de la historia, él se había robado hasta el último de mis suspiros. Era algo que ya estaba escrito en cada hoja de ese libro que nos faltaba incluso por abrir pero que ya el destino tenía pactado de tiempo atrás. Lo superficial, lo que se percibe a simple vista, capturó inmediatamente mi atención: sus labios tan rosados, el color mágico de sus ojos que aclaran su acaramelado iris ante cualquier contacto con alguna lágrima que se avecinara, sus facciones finas y contundentes, su piel tan digna de todos los besos que le quería dar.


Bastó con el primer contacto de su cuerpo con el mío para saber que el era mi lugar seguro y al mismo tiempo, el fuego que encendía mis mas bajas pasiones. Su cadera que se convirtió en el principio de mi fin, en el cauce de mi río que se desbordaba ante su mirada atónita. Las charlas posteriores a nuestros encuentros fueron alimentando lo inevitable: una adicción en la que definitivamente estaba dispuesta a caer.


Sus manos sobre mi cuerpo eran la mas bella obra de arte, su pecho el mejor lugar para refugiarme, su felicidad como mi propósito de vida, su vida como la firme creencia en la existencia del amor.


Él, él se había convertido en mi motivo, en mi razón, en mi causa, en mi consecuencia, en el argumento, y en todo aquello que ni en mis mejores sueños hubiese sucedido jamás.

Publicado por dalejalopezp

Comunicadora social y periodista en formación. Amante del lápiz y el papel, del olor a nuevo de las hojas de los libros. Escritora por vocación. Soñadora incansable. Adicta a los aviones, a los nuevos paisajes y a la sensación de libertad. Amor, amor por todos lados.

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